LA SANTA CRUZ
Lecturas del día 3 de Mayo. IV Domingo de Pascua.
Primera Lectura. Números 21,4b-9: En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo." El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes." Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: "Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla." Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Salmo de hoy. Salmo 78(77)
(R). "No olviden las obras del Creador".
Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclinad el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado. (R).
Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor. (R).
Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. (R).
Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor. (R).
Segunda Lectura. Filipenses 2,6-11.
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Aclamación del Evangelio de hoy 3 de Mayo.
¡Aleluya, aleluya! Soy el buen pastor, dice el Señor; conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí. ¡Aleluya! (Cfr Juan 10,1.10)
Evangelio de hoy - Juan 3,13-17.
Lectura del Evangelio de hoy 3 de Mayo - (IV Domingo de Pascua. La exaltación del Hijo del hombre en lo alto de la Cruz): En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna. Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él". Palabra del Señor
Reflexión del Papa Francisco del Evangelio de hoy.
El Señor en el desierto ordena a Moisés que haga una serpiente y la ponga sobre un asta, y le dice que quien será mordido por las serpientes y la mirará permanecerá con vida.
Pero ¿qué es la serpiente?, La serpiente es el signo del pecado, como ya vemos en el Libro del Génesis cuando la serpiente sedujo a Eva, proponiéndole el pecado.
Y Dios manda que se eleve el pecado como bandera de victoria. Lo que no se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio. Jesús dice a los judíos:
"Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, sabrán que yo soy".
Por lo tanto, en el desierto se levantó el pecado, pero es un pecado que busca la salvación, porque cura ahí. Quien es elevado ahora es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo.
[...] El cristianismo es una persona, una persona elevada, en la Cruz, una persona que se anonadó a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto fue elevado el pecado, aquí ha sido elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí...
[...] No existe un cristianismo sin la Cruz y no existe una Cruz sin Jesucristo. El corazón de la salvación de Dios es su Hijo, que tomó sobre sí todos nuestros pecados, nuestras soberbias, nuestras seguridades, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar a ser como Dios.
Por esto, un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado no ha entendido lo que significa ser cristiano.
Nuestras llagas, esas que deja el pecado en nosotros, sólo se curan con las llagas del Señor, con las llagas de Dios hecho hombre, humillado, aniquilado. "Y éste es el misterio de la Cruz.
La Cruz no es un ornamento que nosotros debemos poner siempre en las iglesias, sobre el altar, allí. No es un símbolo que nos distingue de los demás.
La Cruz es el misterio, es el misterio del amor de Dios, que se humilla a sí mismo, se hace «nada», se hace pecado. ¿Dónde está tu pecado? "No lo sé, tengo tantos aquí". No, tu pecado está allí, en la Cruz. Ve a buscarlo ahí, en las llagas del Señor, tu pecado será curado, tus llagas serán curadas, tu pecado será perdonado.
El perdón que nos da Dios no es cancelar una cuenta que tenemos con Él: el perdón que nos da Dios son las llagas de su Hijo en la Cruz, elevado sobre la Cruz. (Homilía del Evangelio de hoy. Santa Marta, 08 de abril de 2014)
Oración para el Evangelio de hoy.
Señor mío y Dios míos, no hay nada más grande que tu Amor por cada uno de nosotros. Es por ello que quiero seguir abriendo mi corazón a tu Palabra, a tus acciones diarias en mi vida.
Todos mis esfuerzos, proyectos, éxitos y fracasos, victorias y derrotadas, cobran sentido cuando los miro a través de tu sacrificio de cruz, un sacrificio de amor que, a los ojos del mundo parecía una derrota, pero para los que te seguimos, vimos la Gloria del Padre abriendo su caudal de misericordia
Quiero ser una nueva creatura, nacer de nuevo en Ti, restaurar mis fuerzas con el poder de tu Cruz y renunciar a mi vida de pecado y rechazar todo aquello que me separa de Ti.
Te amo Señor mío, amo tu Santa Cruz en la que diste tu vida por mí, la que me define y me lleva por la auténtica senda de un cristianismo firme y verdadero. Amén.
